Camino por la calle Quintana

Camino por la calle Quintana. Hay una cafetería en un semisótano y desde el escaparate se puede ver, en plano picado, el mostrador con la bollería del desayuno. Una especie de golpe en el corazón me recuerda esos momentos tristes en los que uno intenta consolarse mojando un cruasán en café con leche. Me distraigo con mis pensamientos y paso de largo la puerta de la clínica. Para cuando vuelvo, han cerrado el laboratorio y me marcho como llegué, con mi botecito de orina en el bolso, ese lugar tan secreto como el corazón en el que nunca se sabe lo que puede haber.

97009

Sin título, 1997.

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