Sueño de una noche de verano

No verteré sobre mis días

el líquido de tu sombra.

A ti soy resiliente,

solo contengo semillas

y no tu brea.

 

He reparado mis grietas

con el más fino oro

y en mi interior resuenan

voces de mujer.

De nuevo.

 

Ahora soy una vasija.

Solo contengo semillas

y una garganta propia.

El aire, en mi interior,

ha estado ahí desde siempre.

 

No dejaré que tu oso

desentierre mi cadáver,

juegue con mi calavera,

se deleite con el perfume

de mi carne desaparecida.

 

He escondido esa tumba

en lo profundo del bosque.

Pongo musgo encima

y piedras blancas

como huesos.

 

Tu oso negro no es bienvenido,

con sus babas y cabeceos,

con sus garras y parásitos,

y su olor a orines.

Fuera.

 

Como una alfombra persa

mis arenas movedizas

absorverán su pelaje,

sus fauces,

sus entrañas.

 

Este es mi territorio.

Ninguno de tus esbirros

tiene poder en él.

Veremos quién vence al fin:

su mandíbula fosilizada

o el hueco de mi vientre.

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