Una paloma joven

Una paloma joven y gorda se pasea por la balaustrada del balcón. El plumaje de su pecho tiene un matiz irisado, como nácar de caracola. Qué raro, pienso, esos tornasoles de sus plumas. Ayer también me sorprendió el matiz malva de la fachada de mi casa, que objetivamente es de color gris claro. Algo pasa, me digo, el edificio entero y sus moradores se desvanece en una nebulosa y vamos a cruzar un umbral hacia una nueva realidad cósmica donde todos seremos fantasmagorías de color pastel. Pero unos minutos más tarde, una mirlita parda y delgada recorre el mismo camino a toda velocidad. En la terraza, su brillante compañero de pico amarillo rebusca el desayuno en las macetas. Una pareja práctica que me tranquiliza. Luz y pájaros, eso es todo, sorpresas que caen del cielo. El umbral de la primavera está próximo.

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