La báscula

Esta mañana he decidido plantarle cara a la realidad y me he subido a la báscula. La realidad suele ser muy dura, así que mi báscula lleva escrito un mensaje alentador: “Nobody is perfect but you”, y un dibujo de una oveja. Mientras levantaba el pie izquierdo pensaba que el mensaje estaba un poco llevado al extremo, que no necesito ser la única oveja perfecta. Al apoyar el pie derecho me he dado cuenta de que a la báscula se le había acabado la pila. No he podido evitar un suspiro de alivio. Me quedo con el mensaje y me ahorro el disgusto.

Después he empezado a pensar qué otros mensajes podría haber en mi vida cotidiana que me hicieran más llevaderas las tareas. Por ejemplo, en las macetas podría poner “Todas te queremos”; en la bandeja en la que le llevo la comida a mi madre “Tres hurras por la cocinera”; en las camisetas de mis hijos “Bien hecho” y, ya puestos, en las casas en las que he vivido, una placa que rece “Aquí vivió la insigne artista…” Ay, se me escapa otro suspiro.

Pero ya me ha entrado la curiosidad y me meto en Google: etimológicamente “insigne” es aquel al que se puede seguir por su nobleza, mérito o preminencia. Para la RAE, “insigne” es sinónimo de “célebre”, que etimológicamente significa “concurrido, frecuentado, numeroso y abundante”. Por eso es célebre aquel a quien muchos acuden, frecuentan o siguen. Deduzco que, hilando fino, lo insigne tiene que ver con la excelencia y lo célebre con la popularidad. A mí esto me suena a élites y masas, pero bueno, serán cosas mías.

Noto que las fantasías se me están superponiendo cuando empiezo a pensar en masas de élites. Es curioso cómo la deriva de los pensamientos nos puede alejar más y más de la realidad hasta el Puerto Banús de la ensoñación. Personalmente, más que una oveja perfecta, prefiero ser una oveja que sueña.

“Amnesia”, 1997. Pastel sobre papel. 127,5 x 101 cm.