Rezad

Tortilla francesa que susurra en la sartén

Reza por nosotras

Sopa que eleva su vapor al cielo

Reza por nosotras

Tiernas fragancias hijas del laurel

Rezad por nosotras

Hermana perra que sestea al sol

Reza por nosotras

Rezad por nosotras grises palomas

Insignificantes moscas

Migas de pan

Cortinas echadas

Rutinas silenciosas

Joyas del loto

Rezad por nosotras

El mirador

– ¿Qué tal?

– Bien, bien, aquí seguimos.

– Al pie del cañón ¿no?

– Sí, solo que sin saber dónde está el cañón.

Y entonces me acordé de aquel mirador frente al mar con el cañón apuntando al infinito en donde mi amiga de la infancia y yo nos hicimos fotos sin fijarnos, ni por un instante, el lo que pudiera haber allí, al pie del cañón:

Diminuta e incómoda, como la púa seca de un enebro

Temblorosa, como plumón aventado del nido

Imperceptible, como un granito de cuarzo en la arena

Mellada y sin brillo, cual canica olvidad tras el juego

Aquí sigo, al pie del cañón.

Merenderos

De todos los merenderos

en los que nos hemos sentado

a disfrutar de la pura nada,

a pasar el rato,

el que más me gusta es éste,

en el que me siento yo sola

y desenvuelvo

frases burdas como ristras de salchichas,

palabras rellenas de anchoa,

sentimientos cocidos con la cáscara rota,

bocadillos de bocas,

manzanas que refrutan mis ideas,

cacahuetes en nutrido soliloquio

y chucherías, para que te rías.

La hierba crece alrededor de mis pies

porque por aquí viene poca gente,

o porque llevo mucho rato, no sé.

Pero no me iré hasta que llueva.

Solo entonces,

porque, de sobra sabemos,

que las ideas,

mojadas,

son un asco.