Srta. Benson

Tengo la casa en obras. Me siento algo confusa mientras intento calcular la altura del rodapié según la de la plataforma de un zapato de mi madre de los años setenta. Suena el timbre y una voz de hombre dice: “Srta. Benson, ¡ábrame!”. Me dirijo hacia la puerta. Hay una otomana cubierta de cal. No llego a abrir porque me despierto.

Ha sido solo una cabezada de un instante, pero podría servir para comenzar un relato. Por ejemplo:

La Srta. Benson abrió la puerta y tres hombres fornidos entraron. Llevaban bolsas de deporte.

– Buenos días – dijeron uno por uno al entrar.

– Buenos días – dijo la Srta. Benson – ¿Falta alguien?

Invito a quien quiera a continuar el relato. Así de vaga me he vuelto.

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