No es lo que parece

Pelirroja, anciana y contrahecha, envuelta en un abrigo negro con sobrecapa ribeteada en pieles, se desplaza en un carrito motorizado con la pierna deforme estirada por delante de ella, como si volara sobre una alfombra. Sin perder la compostura, cruza la calle desafiando al viento bajo la cruda luz del sol. Ahora parece una heroína rusa que atravesara en trineo la página arrancada de un libro. ¿Adónde va? Al llegar a la esquina, su acompañante abre una puerta sin rozarla, ni a ella ni a su carrito. ¡Ha entrado en la carnicería! La magia parece haberse desvanecido… Pero no, ahora lo entiendo: es Baba Yagá.

 

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