Me despierto antes que mis brazos

Últimamente me despierto antes que mis brazos. Solo después que probar la temperatura del suelo con las plantas de los pies, ensayar la verticalidad y dar unos pocos pasos, cuando ya se hace imprescindible bajar el picaporte del baño o subir la tapa del váter, mis brazos hacen un esfuerzo por desperezarse en medio de un cosquilleo como de espuma de mar. No puedo explicarme a qué se debe este despertar en segunda convocatoria, a menos que sea mi cuerpo indicándome que aquí no soy yo la propietaria, sino una simple inquilina a la que no va a parar de subir el alquiler. Entonces me acuerdo de la vitamina efervescente que tomo por las mañanas y lo entiendo todo: es mi organismo eliminando las burbujas del día anterior.

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