En mi vida paralela

En mi vida paralela, esa vida imaginaria en la que me refugio cuando no estoy muy ocupada, he recorrido las islas griegas, he contemplado las pirámides al atardecer ignorando la gran masa gris de El Cairo, he visitado las galerías y museos de Nueva York y me he refugiado en un pequeño pueblo escandinavo frente a un mar helado. He sido una mujer de éxito, he trabajado en organismos internacionales, me he ido a vivir a un lugar perdido y paso las vacaciones en Francia. De joven estudié en el extranjero y estuve fuera el tiempo suficiente como para añorar mi tierra. Nada me ata, nada me retiene y siempre, siempre, puedo elegir. Pero hoy… Hoy me he descubierto absorta en una rara ensoñación, intentando imaginar qué manías tendré de vieja, si comeré la mermelada directamente del tarro, como Louise Bourgeois, o un aguacate diario, como Leonora Carrington, o la fruta en puré, como mi madre, aunque tenga mejores dientes que yo. Manías modestas, manías como las de cualquiera, que quizás sean los últimos reductos de libertad y albedrío que les quedan a los ancianos, pequeñas costumbres irrenunciables ante los rápidos cambios en sus condiciones de vida, los deterioros que se producen de un año para otro, de un mes para otro, mientras los demás los observamos creyéndolos congelados en el tiempo. La mujer arrogante que llevo dentro ha vuelto a replegarse ante la rigurosa minucia de la vida.

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