No abras

No abras, que no es el aire

quien llama a puertas y ventanas,

quien sacude los toldos

y las lonas del andamio.

Es un desconocido que arde en fiebre

y viene a robarle su fruto a la higuera,

el verde al jazmín

y al hibiscus la flor.

Es el mayordomo del desierto,

su valet bien entrenado,

cubierto de polvo y calamidad.

 

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Riego las macetas

Riego las macetas. Algunas son muy grandes. Huele a tierra caliente, agradecida y palpitante. Recuerdo los pajares en los que paren las gatas sus camadas, el olor a placenta en las cabezas de mis hijos recién nacidos, los diferentes aromas del sexo. Hay algo emocionante en este calor que, aun hecho jirones por el riego, rehúsa desprenderse y se queda en el aire dándole cuerpo a la luz amarillenta del ocaso.