Fantasmas

A veces noto que, en su periplo por el más allá, Danka me encuentra y me acompaña un rato, y yo me siento con mi perro fantasma como cuando de niña leía las novelas de Jack London. Nunca he experimentado la presencia de un ser humano difunto, y esto me hace pensar que a lo mejor es verdad eso que dicen, que los animales no van al cielo, aunque yo no crea ni en unas cosas ni en otras. Pero me divierte imaginar que, si fuera cierto y tuviera yo poderes, podría ver, con solo asomarme al balcón, todo tipo de animales paseando su incorporeidad entre coches y viandantes, desde chihuahuas a elefantes, pues tengo la impresión de que estas presencias no se aferran a ningún entorno en particular, excepto si fueron acuáticos. Tengo dudas con los insectos, que deambularían por tierra y cielo en masas vibrantes, oscureciendolo todo. Por eso, me siento inclinada a otorgarles la gracia de la reencarnación: un nuevo mosquito o pulga por cada mosquito o pulga muertos. Eso mantendría el equilibrio en la Tierra y a los animales espectrales libres de picaduras. Danka, no te preocupes, no necesitas collar antiparasitario.

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