No soy buena nadadora

No soy buena nadadora, pero sé que cuando sea vieja y tenga el esqueleto como un palé mal claveteado, echaré de menos ese instante en el que manos, brazos, cabeza, hombros y el resto de este cuerpo utilitario entran en lo azul con los ojos abiertos, percibiendo los juegos de luces en el fondo de la piscina, el cambio de rasante de lo hondo a lo bajo y la nítida línea de la zona en sombra, deseando vivirlo a cámara lenta, prolongar ese momento de aislamiento estupefacto antes de salir resoplando y decirles a los otros si está buena el agua.

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