Siento que me mezo al cerrar los ojos

Siento que me mezo al cerrar los ojos, como si estuviera en un columpio de jardín o en una colchoneta sobre el agua, acunada por mi propia corriente sanguínea, arrullada por el rumor de la brisa entre las hojas de los árboles. Me mezo en la frescura del cuarto y me llega el olor del cantueso que puse ayer en la ventana. El sol calienta las piedras de la fachada y respiro como una lagartija, inflando los costados. Ya estamos vivos, ¡salgamos!

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