Para el recuerdo

En junio y en septiembre es habitual tropezar por las calles del centro con los restos de los erasmus que por aquí anduvieron. Que nadie imagine escenas siniestras. Dichos restos no son otra cosa que amontonamientos de ropa de invierno, botas, edredones baratos, almohadas con cercos amarillentos, toallas y algún bolso un tanto hippie. Todo muy predecible. Por eso hoy he frenado en seco cuando, dentro de una caja de cartón abierta al cielo nublado y sobre un lecho de papeles, kleenex usados y desperdicios, he visto la foto de dos jóvenes rubios, chica y chico, que con las mejillas pegadas y sonriendo me miraban con sus ojos azules desde un marco barato y optimista, profusamente decorado con dibujos de flores y mariposas de colores. Rara vez salgo de casa sin el móvil, pero nunca lo he lamentado tanto como hoy porque, creedme, allí había una foto para el recuerdo.

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