Otros mundos

A y B se desplazan en autobús entre dos localidades del cinturón de Madrid. Yo también voy en ese autobús. Son dos chicas jóvenes que entran conversando como cualquier par de amigas y se sientan detrás de mí. Me llegan sus voces, y al principio no me fijo en lo que hablan (que si relojes, que si pulseras) hasta que A dice:

-Yo siempre sé a quién venderle, no me preguntes cómo, pero lo sé. Así que, si alguien te da ciento cincuenta, yo puedo darte ciento setenta, porque sé que lo voy a vender. O me lo guardo y lo vendo dentro de un tiempo, cuando valga más, o cuando me haga falta el dinero.

A lleva la voz cantante. No parece la típica chica de extrarradio: no dice tacos ni usa interjecciones o muletillas, su vocalización es perfecta y el tono claro y asertivo. Ante B, es la voz de la experiencia:

– He hecho muchas cosas de jovencita. La necesidad obliga. Por eso me guardo cosas, para cuando lo necesite.

Tiene el botín enterrado. De vez en cuando se pasa por el lugar y vigila, no vaya a ser que el desarrollo urbanístico se lleve por delante el fruto de su esfuerzo.

Durante el trayecto, A continúa dándole a B sabios y prudentes consejos:

– Tú no te gastes nada en el piso hasta que estés segura de que es tuyo, no vaya a ser que…

No puedo oír el final de la frase, pero me doy cuenta de que no hablan de una hipoteca compartida con el novio, más cuando B dice:

– A mi amiga X le gustan esos adosados de allí.

– Dile que, si quiere, escoja uno -contesta A- y se lo cojo de ocupa.

Me trastorna un poco la naturalidad de la conversación, especialmente cuando me llega este fragmento:

– Lo que hay que hacer es quedar con él; le explicas las cosas y luego, muy tranquilamente, le abres la cabeza al nieto.

Diálogo y violencia cogidos de la mano.

Finalmente se bajan y puedo verlas: A es realmente guapa, no tendrá más de veintidós años, pero tiene esa mirada de sabérselas todas que la hace parecer mayor. Su forma de vestir, llamativamente discreta, también es contradictoria. Es una hipnotizadora, y B está ya a su merced. El día que aprenda a vestirse de modo discretamente llamativo, estará lista para llevar su negocio a otro nivel.

Anuncios