Mayo florido

La unión hace la fuerza, y las flores silvestres pierden su modestia cuando por millones cubren prados y cunetas.

Extensiones coloreadas por pétalos no más grandes que el ala de una mosca; amarillo, blanco, añil, violeta…

Amapolas que con el color compensan la fragilidad de sus corolas y cubren los campos de besos.

 

Anuncios

Lo inesperado

Ayer volvía a casa y me crucé con un chico que miraba su móvil y le decía a la novia: llegaremos en veinticuatro minutos. Se me quedó esa sensación de que parece que lo podemos tener todo bajo control, pero…

Sabes la hora que es,
las personas que te han llamado
mientras estabas en el cine,
cuánto tardarás en llegar al restaurante
y el tiempo que va a hacer mañana.
Aun así,
hay cosas que llegan sin avisar,
por ejemplo, un flechazo,
un estornudo
y a veces la muerte.

Día de la Madre

En esta foto con la madre, los hijos tienen una mirada reposada y seria que la propia madre no reconoce. Piensa ella en esas miradas, traviesas, desvalidas, a veces farsantes, que como nubes ha visto pasar por sus rostros durante años. Recuerda otras fotos, fotos suyas a la misma edad, tímida, nerviosa, insegura y desafiante a un tiempo. Fotos en las que, claro, no sale con sus hijos. ¿De dónde han sacado ese gesto maduro? ¿Por qué parecen más adultos que ella? ¿Cómo ha podido comunicarles serenidad, firmeza de carácter? Y la duda: ¿se divierten? ¿Lo pasan bien con ella todavía? ¿Están tan emocionados como lo está ella aquí, esta noche, en lo alto de la Torre Eiffel, posando para un desconocido mientras el viento les da en la cara? ¿Son esas sus miradas o es la actitud en la que quieren que les recuerde la madre? ¿Son ellos los que ahora fingen la autoconfianza que antes ella fingía? ¿Se quitarán alguna vez la máscara todos al mismo tiempo?

La lengua mala

Había una vez una lengua que vivía en el hueco de debajo de una escalera. A esta lengua le gustaba asustar de vez en cuando a la gente, y entonces salía de su escondite toda estirada hacia arriba y haciendo “¡Buh!”. ¡Cómo corrían todos! ¡Cuánto se divertía la lengua! También era muy amiga de hacer pequeños charquitos en los que se resbalaban los niños y de asomar discretamente la puntita, a ras de suelo, para poner zancadillas. Era una lengua muy revoltosa y todos estaban ya muy hartos de ella. ¿Por qué no hacían nada para pararle los pies?, diréis. ¿En serio? ¿Los pies? ¿A una lengua?