Lluvia de marzo

Poco a poco, imperceptiblemente, la lluvia resbala sobre el membrillero japonés. Aún no tiene ni una hoja, pero sus brazos de palo se adornan de flores rojas que se reúnen en grupos, como colegialas. Cuando una gota se ha deslizado hasta el borde mismo de un pétalo, se queda colgando y durante un rato las flores parecen pendientes llevando pendientes. Esta noche, cuando yo me acueste, ellas seguirán luciendo sus leves joyas en la oscuridad de la terraza mientras, seis pisos más abajo, los mendigos protegen sus cartones de la lluvia.

Dice Wislawa Szymborska: “la belleza es descanso”.

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