No es la interpretación. No es el contexto. No es el personaje.

Hace unas semanas volví a soñar con Picasso. Yo miraba una pared en la que había unas anotaciones escritas, un marco blanco vacío y un óleo en su mayor parte tapado por un espejo. El marco se superponía parcialmente a lo escrito y rozaba el lateral del óleo y del espejo. Picasso decía: “la obra no es el texto, ni el marco ni el espejo”. Yo hacía un movimiento de cabeza señalando el cuadro: “ya, la obras es eso… y ya ves”.

“Ya ves”, decía Picasso. Y no sé si era una afirmación o más bien un eco.

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Sin título, 1995.

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