Marioneteros

No son las reflexiones, sino mi estado catarral, lo que me mantiene despierta desde antes de amanecer (lo cual no es mucho decir, ya sabemos a qué hora amanece en estas fechas). Entre estornudos y estruendo de nariz, caigo en la cuenta de que ésta es la última semana de mi exposición en Salamanca y anticipo el momento en que la obra no vendida vuelva al estudio, como un cadáver repatriado, desmantelada ya la puesta en escena del discurso estético, el recorrido de la mirada. Se embala la obra y se acaba el turno de preguntas: los restos dispersos de este osario nos son desconocidos y, lo que es más, indiferentes. Menos mal que la ilusión es como uno de esos esqueletos de teatrillo que se recomponen al primer tirón.

Ofuscada por el malestar físico, entiendo ahora, sé con certeza, que cada vez que uno enseña la obra en el  estudio se convierte en marionetero.

17022

Sin título, 2017.

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