Me cambio al llegar al estudio

Me cambio al llegar al estudio. Con el calor que hace hoy, parece que la ropa suda sola en la silla. El ventilador lanza aire casi caliente y las dos botellas de agua congelada lagrimean copiosamente mientras la lata de Coca-Cola que he comprado en los chinos me recomienda un viaje a Cancún.

Ya de vuelta, salgo a pasear con Danka, que me confirma que el barrio sigue oliendo como siempre. Hoy he descubierto que es zurda, lo que, al parecer, significa que es más creativa que otros perros. Me alegro por ella, yo soy diestra y a lo mejor por eso he estado equivocándome todo el día. ¿Me irá mejor mañana?

A la caída del sol, llega el momento más esperado. Toca regar la terraza y aprovecho para ponerme el bañador y pegarme un manguerazo. Dormiré fresca, si no me ataca la ropa.

La ropa en la silla

tiene vida propia,

una concentración

disimulada

característica

de quien secretamente

hace planes.

 

Da un poco de miedo.

Por eso a veces

ato entre sí

mangas y perneras,

no sea que se escapen

y deambulen de noche,

mientras todos duermen.

 

El dibujo es del 99. Ropa maligna ha habido siempre.

99074

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