El sobrentendido

Me mira a los ojos y me dice “Tú ya sabes cómo va esto”. Me quedo callada porque quien calla otorga y así puedo hacer creer a mi interlocutor que sí, que sé de qué habla, que conozco todos los artificios y vericuetos de aquello a lo que nos referimos, pero interiormente una voz como de papagayo tropical me dice al oído “Ya tu sabe’, ¿no?” con esa nasalidad desencadenada, ese brillo blanco de colmillo, ese caer de piñas, cerezas, bananas, mientras pulso nerviosa el botón y espero que las tres frutas coincidan, que las tres cosas que yo sé –cruzo los dedos- sean las mismas que sabe el otro. Y me quedo expectante, atisbando disimuladamente un gesto delator, aventurando alguna frase vaga con la esperanza de que siga hablando de aquello que ya sabemos y que, justo en ese momento, pasa fastasmagóricamente sobre nuestras cabezas, elegante y silencioso como un pez raya.

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