Musivaria

Esta bella palabra, que parece recién caída de entre las cuerdas de un arpa, designa en realidad la técnica y arte de elaborar mosaicos. Dicen que es un derivado directo del griego μοῦσα (musa), pero otros señalan que en griego muy tardío ya se denominaba Μουσεῖον (“museion”, lugar de musas) al mosaico. Tardío, porque en la antigua Grecia no hacían mosaicos.

El arte del mosaico empieza a desarrollarse en las ciudades helenísticas de Asia Menor. Los romanos lo adoptan, lo desarrollan hasta lo exquisito y ya en época imperial, por moda y para darle prestancia,  lo bautizan con un nombre ajenamente poético.

Las sandalias romanas se deslizaban sobre mil representaciones de colores, tenían literalmente el mundo a sus pies,  mientras las de los griegos lo hacían sobre suelos de ladrillo incrustado o de cantos rodados: el dolor de espalda de sus peones y artesanos no enaltecería  sus mentes, para eso estaban la filosofía y las otras artes, aunque conviene saber –aunque solo sea para liar más la cosa- que la palabra μοῦσα también se vincula con la raíz indoeuropea men- (pensar).

Unas veces piensas caminando –bien lo sabían los peripatéticos-  y otras, aquello sobre lo que caminas da que pensar cuando, por ejemplo, vas por la periferia y te encuentras con un enlosado patético, que ni musivaria ni cantos rodados, ni nada de nada.

Patatas. Son patatas.

20170602_155229 (2)