Raros días de mayo

Hay una pareja de ancianos (conocidos en el mundo del arte) a los que suelo saludar cuando en verano saco a pasear a mi perra y me los encuentro sentados al fresco del atardecer. Con el calor que está haciendo, me extraña no haberlos visto todavía. Para ellos, aunque nunca las lean, estas cinco líneas tontas:

La moto, el vencejo, la sirena,
el llanto de un niño, la luna llena,
todo es un caos, una verbena.
En la plaza sentados se dan la mano
dos viejos esperando el verano.

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