Raros días de abril

Nieva blanco sobre blanco,

la grava, la verja, la paloma,

blanco tras el blanco del visillo,

bajo el blanco haz de luna blanca,

nieva

en el sueño leve de los pájaros,

en el interior del huevo,

nieva en el fondo del deseo

reposado en la blandura

de los besos,

sobre narcisos abiertos

nieva

sobre el blanco de los ojos,

sobre los dientes expuestos,

sobre plumas de cigüeña

nieva y nieva.

 

Susanne-Malmberg

La foto es de mi prima, Susanne Malmberg.

Si es que no me da la vida

Si es que no me da la vida, quiero y no puedo, y el pájaro en mano se me fue volando. Cada día amanece más temprano, pero no hay horas suficientes; no sabe una por dónde meter la cabeza, me crecen los enanos y tengo todas la bolas en el aire en este circo de tres pistas…

¿Qué es esto? ¿Por qué mi cabeza no me deja procrastinar tranquilamente en esta mañana de sábado? Dulce sábado echado a perder por neuronas miedicas, estúpidas videntes temerosas del futuro, de los compromisos, de los plazos… ¡Pero si no tenéis casi nada que hacer! A ver chicas: menos histeria colectiva y más cachaza ¿De acuerdo? ¡Hoy se descansa y punto!

El escarabajo

Había un escarabajo del que las hormigas habían hecho presa. Entonces, la maceta se anegó de agua y la víctima se tornó tabla de salvación, isla diminuta que las asustadas hormigas recorrían convulsas. Cuando la tierra absorbió el agua, ellas volvieron sin transición a su tarea de despiece, bajo las sombras del laurel.

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Quince de abril

Quince-de-abril, quince-de-abril, quince-de-abril… como una campanita de plata que me llama a una cita acordada. Quince-de-abril, quince-de-abril… con esas dos íes que me consuelan de la falta de sonoridad de mi nombre volátil. Generaciones de vencejos han cruzado los atardeceres de mis quince-de-abril, millones de gritos aéreos. Por muchos años. Os saludo a todos.

Correcaminos

En la inmensa ciénaga de lo que desconozco, alguna burbuja sulfurosa se transforma, de vez en cuando, en radiante nenúfar. Así, por ejemplo, hoy he descubierto a Anna Ajmátova y, casi de inmediato, otra burbuja se ha abierto a su lado salpicando fango sobre sus pétalos: Looney Tunes. ¿Qué tendrá que ver?, diréis.

Pues veréis. Éste cerebro mío, que cual mosquito sobrevuela la ciénaga de la que hablábamos, posándose aquí y allá y llevándose, siempre que puede, un poquito de la sangre de cualquier animal caliente, curioseaba en la web entre las fotos y poemas de Ajmátova cuando descubrió una palabra que jamás había oído: Acmeísmo.

Acmeísmo es la corriente literaria que surgió en Rusia en los años diez del pasado siglo, en la cual suele inscribirse a la propia Ajmátova. La palabra proviene del griego άκμη, acmé, que significa apogeo o cumbre. Lo mejorcito, vaya. “¿De qué me suena?”, zumbaba el mosquito en mi cabeza, cuando de repente… ¡Mic, Mic!

Mi viejo amigo el coyote llega con un petardo marca Acme, y ya sabemos cómo va a terminar la cosa. En este punto me pregunto quiénes serían en realidad los guionistas de Warner Bros ¿Licenciados en letras clásicas? ¿Expertos en literatura rusa camuflando sus filias en plena guerra fría? ¿Espías durmientes haciendo contrapropaganda para disimular? ¡Qué sé yo! Yo solo soy un mosquito.

Eso es todo, amigos.

CJLAR

¿Hace falta que diga de dónde procede esta imagen?

Esa señora no es la mía

Benditos sábados por la mañana en los que los pensamientos se ponen a navegar sin rumbo, motivo ni destino conocido.

Hoy me he levantado pensando que debería de haber aprovechado mi juventud para hacer un curso de marketing, pero me ha debido de arrastrar alguna corriente porque para cuando llegué a la cocina ya estaba pensando en Ivorypress. De ahí, por supuesto, a Elena Ochoa y su “Hablemos de sexo”, su viaje personal del papel cuché al papel de algodón. Para no perderme en el cuché, doy un golpe de timón: mientras sumerjo las bolsitas de té en la taza intento recordar alguna obra de Norman Foster… Sir Norman Foster, claro. Me pregunto cómo afecta el título a su esposa, si conlleva para ella algún tratamiento especial, tipo Milady o algo así. Corto un poco de queso. Milady, Madame, Mi Señora… Para cuando echo la leche en el té, ya estoy lamentando no haber estudiado historia medieval, filología o incluso heráldica. Ese pronombre que los fríos ingleses y los galantes franceses han conservado, a los españoles se nos cayó del tratamiento no se sabe cuándo. Para que luego digan que aquí somos posesivos. Desprendidos es lo que somos, oiga, que esa señora no es la mía.

Pelo la manzana y el desayuno está listo.