Sirenas

Nunca la había probado, pero nada más dar el primer sorbo exclamé:

—¡Sabe a sirena!

Se hizo un brevísimo silencio.

—¿Cómo has dicho?, preguntó mi hermana.

— Que sabe a sirena.

Para estar bien segura, volvió a preguntar:

—¿A sirena del mar?

— Si, a sirena del mar.

—Pero… ¿a qué…?, empezó mi cuñado. Se interrumpió al darse cuenta de que ya sabía la respuesta a la pregunta que iba a hacer.

Mi hijo callaba. O tengo yo razón y nunca me escucha, o la tiene él y digo muchas tonterías.

—A ver…  -dijo mi madre agarrando la jarra y dando un sorbo- Es verdad, sabe a sirena.

Ahí ya nos quedamos todos callados, hasta yo. Pero es que estaba emocionada: mi madre, la que nunca me entiende, me da la razón en la cosa más rara. Me entraron ganas de estrujarla en un abrazo, pero me contuve pensando en lo frágil de su esqueleto antiguo.

Así pues, ahora es oficial: la cerveza de trigo sabe a sirena.

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