Ya no me habla

—Ya no me habla.

— ¿Quién?

—El arte clásico.

—¿Qué?

—Ya no me dice nada.

—Venga ya ¿de qué vas?

—Quee… eso. Va en serio.

—Es que no entiendo nada.

—Mira allí. ¿Qué ves?

—Parece, no sé, algo así como un advenimiento.

—¿Y cómo lo ves?

—Pues algo torpe, la verdad. Colores oscuros, se habrán quemado los barnices digo yo, y una composición desorganizada, no se distinguen bien los elementos pero yo diría que lo que hay detrás del ángel es… ¿un coche?

—¿A que es raro? Y la pincelada es torpe, no define…

—¡Eh, sin faltar!

—¿Y tu quién eres?

—San Cristobal, ¿algún problema?

—No tío, no, ninguno, tu tranquilo ¿vale?

—Tranquilos vosotros, que habéis salido disparados por el parabrisas.

—¿Quiénes? ¿Nosotros?

—Ahí lo tenéis, para que os hagáis una idea…

—Qué va tío, estás de coña hombre ¿de dónde sales tú payaso?

—Ay Señor, qué cruz, que siempre me toque a mí recoger a los accidentados…

—¿Es que eres el de la ambulancia? Ya verás el puro que te va a caer por gilipollas.

—Corta el rollo, os venís conmigo.

—¿Cómo? ¿que qué?

—Que os venís conmigo.

—¿A dónde?

—A ver qué hacen con vosotros allá arriba

Los dos amigos se miran.

—¿Pero nosotros no estábamos de botellón en la facultad?