Historias ejemplares

Os voy a contar una historia sin citar nombres.

Había una vez un artista que se moría. Seguía un tratamiento caro y llamaba a su galerista para que le pagara el dinero que le debía. El galerista estaba afectado por una de esas crisis de las que “solo” tiene la culpa la macroeconomía, y no se quería poner al teléfono. Acabó delegando en su asistente de confianza para darle largas al artista. Éste, que decía debérselo todo al galerista, habló con el artista la siguiente vez que llamó. El resumen que hizo de su conversación fue: “¡Que dice que se muere! ¿No te jode? ¡Yo también me muero si no cobro a fin de mes y no como!”. Quedó claro que el artista estaba en la base de la cadena alimenticia.

Finalmente el artista fue cobrando con cuentagotas y acabó muriendo. El galerista sigue trabajando con su obra. Del asistente no se sabe nada.