Mis cenizas

Por favor, no arrojéis mis cenizas al mar.

El mar es frío y oscuridad, Ganges inmenso

poblado de fantasmas.

No esparzáis mis cenizas al aire. El aire

es para los vivos, para los vuelos,

el aire es para los que tienen cuerpo.

Buscad un muro soleado y enterradme

a sus pies en una lata, como un secreto.

Mezcladme con la tierra a los pies de un rosal,

quiero ser rosa,

o arrojadme dentro de un cántaro

en el ojo de un volcán:

quiero ser lava petrificada,

recipiente geológico,

negra roca.

No me mandéis con los otros

al agua, al aire. No les conozco,

pero conozco la tierra,

la rosa,

la piedra.

Volar

Rara vez sueño que vuelo, pero hoy ha ocurrido. Un gran grupo de personas levantábamos el vuelo, como una bandada de pájaros cuando llega el momento de la migración. Nos íbamos sin más, sin conciencia de dejar nada atrás, sin llevarnos nada, ni siquiera el peso de una acción buena o mala o el de nuestra propia individualidad, totalmente despojados de ataduras pero vinculados al grupo. Literalmente hemos subido al cielo.

Espera ¿Literalmente? ¿Como de litera? ¿Y entonces literatura? Para leer en la cama, claro… Todavía estoy medio dormida pero sé que ya está todo perdido. Este Ícaro ha caído al suelo entre un estrépito de muebles y diccionarios. Me tengo que levantar.