«Desatalantada»

A veces estoy “desatalantada”, que diría mi abuela. Según pude ir deduciendo del uso que hacía de la misma, la palabra alude a un estado que consiste en una especie de intranquilidad de procedencia desconocida, mezcla de malestar, desgana y mal humor, que puede incluir algunos síntomas precursores de enfermedad, como escalofríos o confusión mental. El verbo atalantar viene de talante, que denota disposición personal, estado o calidad de algo, entre otras acepciones.

No hay que confundir talante con talento, que indica inteligencia o aptitud. Todos entendemos que a falta de tales cualidades, uno es un “destalentado”, pero este término no lo contempla el diccionario. Igual que tampoco contempla el “desatalantado” de mi abuela. Sin embargo nos ofrece un híbrido: desatalentado (desconcertado y fuera de tino).

Lamentablemente, éste término procede de talento, no de talante. Deduzco que no tenemos términos oficiales para nombrar la ausencia de ambas cosas. Y así andamos: sin talento, sin talante, y sin saberlo, pero con síntomas de enfermedad que a estas alturas ya parece crónica.