Cuando Dios abrió su perfil en Facebook

Cuando Dios abrió su perfil en Facebook, sabía que iba a tener millones de peticiones de amistad. Por eso habló con Zuckerberg y solicitó un trato especial: la posibilidad de tener, no cuatro mil, sino un número indefinido de amigos. Los poderosos se entienden entre ellos, y pronto llegaron a un acuerdo cuyo contenido, por el momento, no ha trascendido.

Tal y como Dios sospechaba, de inmediato su buzón se llenó de mensajes y peticiones, y su muro de contenidos en los que estaba etiquetado. Puesto que Él es omnipotente, las formas en las que puede comunicar a la humanidad lo que se le pasa por la cabeza son múltiples y contundentes, así que apenas publicaba en su muro. Si acaso, de tanto en tanto, alguna imagen:  la deflagración de una galaxia en el otro extremo del universo, las raves de los viernes en el purgatorio o los castells angélicos elevándose entre nubes y estrellas fugaces, tan alto que el ángel que coronaba la torre sentía, indefectiblemente, una infinita sensación de soledad. Aunque le daban muchos “me gusta”, la mayor parte de sus “amigos” consideraban sus publicaciones un tanto apocalípticas y grandilocuentes.

Pero lo que de verdad le interesaba a Dios era ver lo que los humanos publicaban. Siendo todopoderoso, no necesitó buscarse equipo alguno de Comunicación, a pesar de que once de los doce apóstoles habían echado instancia. Dios quería saber, de propia mano y sin intermediarios, lo que a los humanos les parecía interesante. Y así empezó a elaborar sus divinas estadísticas.

Pudo ver que mucha gente encontraba adorables a los gatitos, mientras que pocos opinaban lo mismo de los ancianos. En el margen de sus gráficos escribió “conservar gatitos” y “suprimir ancianos”. Mucho se hablaba de los inmigrantes (conservar) y poco de la caída de las hojas (suprimir otoño). Había mucha atención puesta sobre los políticos (conservar) y poca sobre los enfermos (suprimir). Guerras y conflictos, conservar. Migración de las aves, suprimir. Reggaeton, conservar. Misiones evangélicas, suprimir.

Los santos empezaban a ponerse nerviosos. Muchos de ellos eran conscientes de que el Señor aún no había conseguido superar su trastorno de personalidad, ese ir y venir entre lo que los humanos creían terribles accesos de ira y lo que consideraban muestras de infinita bondad, ese caprichoso criterio que en su divina opinión estaba ahora plenamente justificado por las estadísticas, sin más afán por su parte que darles a sus “amigos” lo que más les interesaba.

Los santos llamaron a María para que, con mano izquierda, intentara apartarle de su dañina obsesión por complacer los gustos de los demás. Finalmente logró negociar con él en los siguientes términos: Dios no tomaría decisiones globales basándose en sus estadísticas de Facebook, pero podría aplicar su criterio individualmente sobre sus “amigos”. “No he podido hacer más”, le dijo a San Judas Tadeo. San Judas se llevó las manos a la cabeza y reforzó su equipo de tramitación de peticiones.

Dios estaba un poco mohíno y empezó a parecerle que sus amigos eran muy cansinos. Decidió reducir su cupo de amistades, y lo hizo de la siguiente manera. En un primer momento eliminó a aquellos que solo le enviaban mensajes privados pidiéndole cosas. Para no quedar mal, publicó primero una entrada diciendo que podían utilizar el sistema tradicional y arrodillarse cada cual en la iglesia de su barrio. Al fin y al cabo, había toda una infraestructura para ocuparse de esos asuntos.

Después se fijó en los que nunca publicaban nada y los borró sin previo aviso. Después avisó de que iba a borrar a todos aquellos con los que nunca había cruzado, no ya una palabra, sino ni siquiera un triste emoticón. A los que le suplicaron quedarse y prometieron enmendar su falta de comunicación, los conservó, bajo vigilancia. Después empezó a obsesionarse de nuevo con los contenidos, pero esta vez lo único que buscaba era su propio entretenimiento. Descubrió que no había nada nuevo bajo el sol, especialmente para él, que lo había creado, que era omnipresente y omnipotente. No había nada que él no supiera o que no hubiera visto, lo único que le sorprendía a veces era descubrir cómo veían los demás su creación, así que borró a todos los que no eran capaces de apreciarla. Su lista de amigos se fue  reduciendo hasta que llegó a tener algo menos de cuatro mil. De ellos, tres mil quinientos le hacían la pelota, aproximadamente mil eran entretenidos y unos trescientos hacían y decían cosas que a Él no se le habían ocurrido, distraído como estaba en observar a los demás. Le pareció que no necesitaba tener más “amigos” en Facebook y cada vez que uno nuevo llamaba su atención, borraba a alguno que empezara a considerar aburrido.

Finalmente, se dio cuenta de que todos los “borrados” aparecían en su lista de seguidores. No necesitaba hacerles caso, pero de vez en cuando no podía evitar echar un vistazo y, según el humor del momento, decidía bloquear a alguno. Que Dios te bloquee es una cosa muy seria, como estar muerto para Él.

Tan entretenido estaba Dios con todo esto, que tenía en total descuido al resto de la Creación. Los Justos decidieron tomar cartas en el asunto, y después de reunirse en consejo juzgaron conveniente tentar a Dios con un nuevo reto. Un buen día fueron a buscarle a su casa, cada uno montado en su cometa. De las riendas llevaban otro cometa grande y brioso, resplandeciente como un sol de soles, en el que se montó Dios después de dejarse convencer para dar un paseo. Entonces los Justos le llevaron a un oscuro rincón del Universo en el que un pequeño planeta gris botaba de un modo extraño hacia arriba y hacia abajo, como una pelota de goma, sin órbitas, ni atmósfera, ni nada que lo hiciera atractivo, excepto su extraño botar, siempre en el mismo sitio. Dios quedó fascinado: de  inmediato comprendió las dificultades científicas que tal planeta ofrecía como lienzo en blanco para su creación. Desde entonces está tan entretenido que no ha vuelto a entrar en Facebook, y aprovechando su participación societaria en La Santísima Trinidad, S.L., Jesús cerró su perfil después de llegar a un acuerdo con Zuckerberg cuyo contenido, de momento, no ha trascendido.

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