Mis cenizas

Por favor, no arrojéis mis cenizas al mar.

El mar es frío y oscuridad, Ganges inmenso

poblado de fantasmas.

No esparzáis mis cenizas al aire. El aire

es para los vivos, para los vuelos,

el aire es para los que tienen cuerpo.

Buscad un muro soleado y enterradme

a sus pies en una lata, como un secreto.

Mezcladme con la tierra a los pies de un rosal,

quiero ser rosa,

o arrojadme dentro de un cántaro

en el ojo de un volcán:

quiero ser lava petrificada,

recipiente geológico,

negra roca.

No me mandéis con los otros

al agua, al aire. No les conozco,

pero conozco la tierra,

la rosa,

la piedra.

Volar

Rara vez sueño que vuelo, pero hoy ha ocurrido. Un gran grupo de personas levantábamos el vuelo, como una bandada de pájaros cuando llega el momento de la migración. Nos íbamos sin más, sin conciencia de dejar nada atrás, sin llevarnos nada, ni siquiera el peso de una acción buena o mala o el de nuestra propia individualidad, totalmente despojados de ataduras pero vinculados al grupo. Literalmente hemos subido al cielo.

Espera ¿Literalmente? ¿Como de litera? ¿Y entonces literatura? Para leer en la cama, claro… Todavía estoy medio dormida pero sé que ya está todo perdido. Este Ícaro ha caído al suelo entre un estrépito de muebles y diccionarios. Me tengo que levantar.

«Desatalantada»

A veces estoy “desatalantada”, que diría mi abuela. Según pude ir deduciendo del uso que hacía de la misma, la palabra alude a un estado que consiste en una especie de intranquilidad de procedencia desconocida, mezcla de malestar, desgana y mal humor, que puede incluir algunos síntomas precursores de enfermedad, como escalofríos o confusión mental. El verbo atalantar viene de talante, que denota disposición personal, estado o calidad de algo, entre otras acepciones.

No hay que confundir talante con talento, que indica inteligencia o aptitud. Todos entendemos que a falta de tales cualidades, uno es un “destalentado”, pero este término no lo contempla el diccionario. Igual que tampoco contempla el “desatalantado” de mi abuela. Sin embargo nos ofrece un híbrido: desatalentado (desconcertado y fuera de tino).

Lamentablemente, éste término procede de talento, no de talante. Deduzco que no tenemos términos oficiales para nombrar la ausencia de ambas cosas. Y así andamos: sin talento, sin talante, y sin saberlo, pero con síntomas de enfermedad que a estas alturas ya parece crónica.

Fakestein

Sin quererlo he creado un monstruo que, como el de Mary Shelley, deambula por paisajes helados: un Fakestein.
Yo, que me lo creo casi todo, que me considero una persona relativamente ignorante y confiada, estoy asombrada de lo fácil que resulta engañar a la gente, aunque sea involuntariamente. Y me da vértigo pensar lo que pueden hacer los profesionales del fraude y la manipulación de eso que a veces llamamos información y otras veces conocimiento.
A mí, que me sumerjo cada dos por tres en situaciones imaginarias, me preocupa la incapacidad de muchos para distinguir la realidad de la fantasía, y me pregunto si será a causa de una pobre formación que nos induce a creer que quien transmite o publica algo está obligado a la veracidad.
¿Por qué vengo yo ahora con esto?
Me invitaron a colaborar en el blog de “Los amigos de Cervantes”, que tiene más de 270.000 lectores. Para mi sorpresa, la primera publicación recibió casi novecientos “me gusta” y se compartió más de ochenta veces en apenas cuatro días. Esto da un poco de vértigo, sientes una especie de responsabilidad por mantener el listón y no sabes cómo lo vas a hacer: desconoces el perfil de tus lectores y no quieres defraudar ni ofender. Reconozco que soy algo timorata.
Así pues, envié mi segunda publicación sin demasiadas expectativas, pensando que recibiría menos atención que la primera que era, por así decirlo, más populista (hablaba del amor y tal). En parte así ha sido, por lo menos en cuanto a rapidez de respuesta, aunque el contador, a los cuatro días, va por quinientos quince “me gusta” y setenta y un compartidos. Y aquí viene el problema.
El texto, que era un deambular alrededor de una palabra casi desconocida con el añadido de un poco de ficción, pasa, al parecer, por cierto de pe a pa, y algunos expresan su agradecimiento por lo aprendido (que, en sentido estricto, es bien poco y se puede resumir en menos de diez palabras). Se comparte, y esta fe en la palabra escrita se expande.
Preocupada por todo ello, escribí un comentario especificando que se trata de un texto de creación, y vamos a ver qué pasa.
Pero me quedo inquieta, no tanto por los que se puedan sentir engañados, como por el hecho de que la creación se pueda considerar engaño.
El texto, llamado «Astrubis», que ya enlacé y muy pocos habéis visto (sin rencor, ya sé lo que cuesta darle a un enlace) lo publica el blog en su perfil de Facebook, que es donde está la acción, pues ya sabemos que nadie interactua en los blogs.
¿A dónde quiero ir a parar? A ningún sitio en concreto, no en vano mi sección se llama DyD (Derivas y Derrotas). Pero quedan dos preguntas en el aire: a quién llega lo que publicamos y cómo les llega (interpretando cada cual las cosas desde su particular contexto cultural, educativo, ideológico) cuando publicamos fuera de nuestro propio patio de vecinas.
Seguro que muchos de vosotros conocéis las respuestas.

Duelo IV

Esta lluvia,

esta tristeza,

este caer sin pausa,

este barro,

este ser sediento,

esta sed,

este dolor,

este sueño,

este dormir,

este hueco,

esta oscuridad,

esta falta,

esta nada,

este sin mañana,

este estar,

sin más.

(Duelo IV)

Con, por y para mi amiga C, y para todos los que hayáis perdido a vuestra persona más querida.

El día esta tonto

El día está tonto y yo estoy desmotivada. Para hacer como que hago algo me voy a limpiar los baños, y mientras froto el espejo me acuerdo de M, una querida amiga de juventud cuyo funeral celebramos esta tarde. No puedo evitar sentirme íntimamente feliz de estar hoy aquí, en este día gris que no quiere arrancar a llover, haciendo algo tan insignificante como frotar el espejo del baño. Y por todos los gestos insignificantes de la vida, por todas las cosas que no se dicen y por todas las personas que se nos van sin despedidas, van estos ripios de esta mañana que pensaba guardarme para mí pero que ahora prefiero compartir y que le dedico (siempre, siempre) a mi querido J.

Húmedo

tu otoño con el mío,

celebrando que la hoja

aún no ha caído.

Cuando Dios abrió su perfil en Facebook

Cuando Dios abrió su perfil en Facebook, sabía que iba a tener millones de peticiones de amistad. Por eso habló con Zuckerberg y solicitó un trato especial: la posibilidad de tener, no cuatro mil, sino un número indefinido de amigos. Los poderosos se entienden entre ellos, y pronto llegaron a un acuerdo cuyo contenido, por el momento, no ha trascendido.

Tal y como Dios sospechaba, de inmediato su buzón se llenó de mensajes y peticiones, y su muro de contenidos en los que estaba etiquetado. Puesto que Él es omnipotente, las formas en las que puede comunicar a la humanidad lo que se le pasa por la cabeza son múltiples y contundentes, así que apenas publicaba en su muro. Si acaso, de tanto en tanto, alguna imagen:  la deflagración de una galaxia en el otro extremo del universo, las raves de los viernes en el purgatorio o los castells angélicos elevándose entre nubes y estrellas fugaces, tan alto que el ángel que coronaba la torre sentía, indefectiblemente, una infinita sensación de soledad. Aunque le daban muchos “me gusta”, la mayor parte de sus “amigos” consideraban sus publicaciones un tanto apocalípticas y grandilocuentes.

Pero lo que de verdad le interesaba a Dios era ver lo que los humanos publicaban. Siendo todopoderoso, no necesitó buscarse equipo alguno de Comunicación, a pesar de que once de los doce apóstoles habían echado instancia. Dios quería saber, de propia mano y sin intermediarios, lo que a los humanos les parecía interesante. Y así empezó a elaborar sus divinas estadísticas.

Pudo ver que mucha gente encontraba adorables a los gatitos, mientras que pocos opinaban lo mismo de los ancianos. En el margen de sus gráficos escribió “conservar gatitos” y “suprimir ancianos”. Mucho se hablaba de los inmigrantes (conservar) y poco de la caída de las hojas (suprimir otoño). Había mucha atención puesta sobre los políticos (conservar) y poca sobre los enfermos (suprimir). Guerras y conflictos, conservar. Migración de las aves, suprimir. Reggaeton, conservar. Misiones evangélicas, suprimir.

Los santos empezaban a ponerse nerviosos. Muchos de ellos eran conscientes de que el Señor aún no había conseguido superar su trastorno de personalidad, ese ir y venir entre lo que los humanos creían terribles accesos de ira y lo que consideraban muestras de infinita bondad, ese caprichoso criterio que en su divina opinión estaba ahora plenamente justificado por las estadísticas, sin más afán por su parte que darles a sus “amigos” lo que más les interesaba.

Los santos llamaron a María para que, con mano izquierda, intentara apartarle de su dañina obsesión por complacer los gustos de los demás. Finalmente logró negociar con él en los siguientes términos: Dios no tomaría decisiones globales basándose en sus estadísticas de Facebook, pero podría aplicar su criterio individualmente sobre sus “amigos”. “No he podido hacer más”, le dijo a San Judas Tadeo. San Judas se llevó las manos a la cabeza y reforzó su equipo de tramitación de peticiones.

Dios estaba un poco mohíno y empezó a parecerle que sus amigos eran muy cansinos. Decidió reducir su cupo de amistades, y lo hizo de la siguiente manera. En un primer momento eliminó a aquellos que solo le enviaban mensajes privados pidiéndole cosas. Para no quedar mal, publicó primero una entrada diciendo que podían utilizar el sistema tradicional y arrodillarse cada cual en la iglesia de su barrio. Al fin y al cabo, había toda una infraestructura para ocuparse de esos asuntos.

Después se fijó en los que nunca publicaban nada y los borró sin previo aviso. Después avisó de que iba a borrar a todos aquellos con los que nunca había cruzado, no ya una palabra, sino ni siquiera un triste emoticón. A los que le suplicaron quedarse y prometieron enmendar su falta de comunicación, los conservó, bajo vigilancia. Después empezó a obsesionarse de nuevo con los contenidos, pero esta vez lo único que buscaba era su propio entretenimiento. Descubrió que no había nada nuevo bajo el sol, especialmente para él, que lo había creado, que era omnipresente y omnipotente. No había nada que él no supiera o que no hubiera visto, lo único que le sorprendía a veces era descubrir cómo veían los demás su creación, así que borró a todos los que no eran capaces de apreciarla. Su lista de amigos se fue  reduciendo hasta que llegó a tener algo menos de cuatro mil. De ellos, tres mil quinientos le hacían la pelota, aproximadamente mil eran entretenidos y unos trescientos hacían y decían cosas que a Él no se le habían ocurrido, distraído como estaba en observar a los demás. Le pareció que no necesitaba tener más “amigos” en Facebook y cada vez que uno nuevo llamaba su atención, borraba a alguno que empezara a considerar aburrido.

Finalmente, se dio cuenta de que todos los “borrados” aparecían en su lista de seguidores. No necesitaba hacerles caso, pero de vez en cuando no podía evitar echar un vistazo y, según el humor del momento, decidía bloquear a alguno. Que Dios te bloquee es una cosa muy seria, como estar muerto para Él.

Tan entretenido estaba Dios con todo esto, que tenía en total descuido al resto de la Creación. Los Justos decidieron tomar cartas en el asunto, y después de reunirse en consejo juzgaron conveniente tentar a Dios con un nuevo reto. Un buen día fueron a buscarle a su casa, cada uno montado en su cometa. De las riendas llevaban otro cometa grande y brioso, resplandeciente como un sol de soles, en el que se montó Dios después de dejarse convencer para dar un paseo. Entonces los Justos le llevaron a un oscuro rincón del Universo en el que un pequeño planeta gris botaba de un modo extraño hacia arriba y hacia abajo, como una pelota de goma, sin órbitas, ni atmósfera, ni nada que lo hiciera atractivo, excepto su extraño botar, siempre en el mismo sitio. Dios quedó fascinado: de  inmediato comprendió las dificultades científicas que tal planeta ofrecía como lienzo en blanco para su creación. Desde entonces está tan entretenido que no ha vuelto a entrar en Facebook, y aprovechando su participación societaria en La Santísima Trinidad, S.L., Jesús cerró su perfil después de llegar a un acuerdo con Zuckerberg cuyo contenido, de momento, no ha trascendido.

Polaris

Hace ya mil años que señala el eje de la tierra. El año 2100 será el de su mayor proximidad al Polo Norte, y luego se irá alejando durante tres mil quinientos años más para, finalmente, cederle el puesto a una estrella de menor magnitud. Polaris no volverá a ser nuestra estrella polar hasta que pasen otros veinticinco mil años.

En la época de los faraones, Thuban, una estrella casi el doble de grande que Polaris, indicaba el camino del norte, pero en tiempos de Julio César Thuban se había alejado y Polaris no estaba aún lo suficientemente cerca. ¿De qué forma afectaría esto a la navegación? ¿En qué momento la nueva estrella, la estrella de cola de la Osa Menor, tomó el celeste testigo? Me imagino una lenta aproximación a lo largo de los siglos, mientras el hombre calculaba con sus compases la ubicación del eje entre la estrella que fue y la que sería.

Anoche, durante la cena, una amiga preguntaba en qué momento o momentos de nuestra vida hemos tenido la sensación de estar viviendo una etapa única, especial e irrepetible, ya fuera en lo social o en lo personal, siendo además conscientes de ello y, en consecuencia, capaces de recibir y atesorar esa experiencia junto con las sensaciones y sentimientos que provocó.

Me levanto temprano y miro el cielo: a las siete de la mañana las estrellas brillan con una nitidez poco usual en el sobre-iluminado cielo de Madrid. Creo distinguir la Estrella Polar, pero no podría asegurarlo: las formas que yo veo no se parecen nada a las que muestran los mapas estelares. Busco el norte entre una maraña de fantasías y entonces me acuerdo de la pregunta de mi amiga.

Pienso que solo aquellos que buscan el norte son capaces de reconocerlo cuando lo encuentran. Pero incluso aquellos que vivieron su “momento polar” habrán de usar toda su ciencia para mantenerse en el eje hasta que vuelva a brillar su estrella. Para los demás, la navegación es a ciegas y sin compases.

En cuanto a mí, voy a tener que leerme las indicaciones del planisferio.

Camina a buen paso

Camina a buen paso: unos treinta años, estatura mediana, delgado; pelo castaño, un poco largo y rizado; nariz ganchuda. Con el brazo derecho sujeta una gran caja de cartón que lleva sobre el hombro y con la mano izquierda, el teléfono:

– Fui por la mañana y estaba la rubia, pero volví otro día por la tarde y estaba la morena regordeta, la que da más juego…

Lo dice sin ninguna entonación especial, sin intención. Es como si el significado de lo que dice no tuviera nada que ver con las palabras que ha elegido.

Me quedo intrigada, la verdad.

Creo que una cosa que no me gusta nada  cuando viajo fuera es perderme estos retazos de conversaciones. Resulta difícil oír en otro idioma, se ve uno forzado a escuchar.

Juegos de cama

Juegos de cama, la dulzura de las sábanas: frescas en verano, tibias en invierno -nunca al contrario, por favor-, secas, suaves, limpias, perfumadas…  Vida de lujo, de hotel de cinco estrellas: sábanas como nuevas cada día, cada noche dispuestas para el descanso por camareras expertas en el plegado del embozo, su peculiar papiroflexia. Sábanas de las abuelas, de recio algodón secado al sol sobre matas de romero que aún huelen al calor de la plancha… Fundas nórdicas que cobijan edredones como nubes del sueño, naves del sueño las camas, parque infantil, recreo: exploradora en mi tienda de campaña, sirena con las piernas metidas en la funda de la almohada, saltos, saltos y más saltos, cada vez más alto, y la blanda guerra de los cojines, muy anterior a esas otras guerras del amor y del deseo, presencia de leones en la sabana.

Pero eso son ya juegos de alcoba.

sabanas