Distraída como de costumbre

Distraída como de costumbre, estoy incómoda y no sé por qué hasta que me doy cuenta de que mi compañero de asiento duerme con la mochila entre las piernas, despatarrado como si estuviera en una cama king-size. Perdona, le digo, es que casi no quepo, ¿te importaría…?. Tarda un poco en reaccionar, pero luego es rápido: es que soy ancho, replica, mientras recompone la postura. Es un alfeñique, así que, o quiere molestarme o tiene una imagen distorsionada de sí mismo, o las dos cosas, pero me inclino por la primera. Decido no darme por aludida y dejarle con sus pensamientos. En los asientos cercanos solo hay mujeres. Al cabo de un rato abraza su mochila y cruza las piernas. Me río para mis adentros y hago una muesca en mi pared mental. Este mes ya van dos.

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