Yo ya estoy muerta

Yo ya estoy muerta. Me atropelló un coche a los veintiséis años y eso me mató, aunque no me hizo nada. Por eso, viajando aquel verano en autobús hacia Caspe, yo ya no era yo. Creo que por mi condición de difunta, aquel verano hice un montón de amigos que aún hoy lo son. A los treinta y nueve mi cuerpo incorrupto empezó a fallar y al cabo de unos años mi corazón seco y arrugado terminó de consumirse. Sorprendentemente, en su lugar brotó una nuez con extraños tallos tiernos y hojas verdes. Su cáscara es blanda, late y piensa al mismo tiempo y envía señales a mi cuerpo rejuvenecido. Soy el primer ser humano del mundo con corazón vegetal, y no parece que esté muerta. Yo tampoco hago alarde de ello: es una condición como otra cualquiera y no me impide llevar una vida normal. Muerta he viajado y amado, he tenido hijos e incluso sin corazón los he seguido queriendo. Muerta he tenido éxitos y fracasos, ganancias y pérdidas, aciertos y errores. Muerta vivo la ilusión de una larga vida. Muerta sigo depositando mi confianza en el futuro. Muerta me río y me emociono. Casi todas las personas que me quieren me han conocido después de muerta, excepto mis parientes, que hace tiempo ya que no me reconocen. Desde que estoy muerta pienso que querer y conocer son la misma cosa. Yo conocía bien a la que se marchó y quería a aquella mujer de veintiséis años de cuya muerte solo yo sé. La echo de menos todos los días y deseo protegerla de su inexistencia, de su falta de significado. Me gustaría que fuera mi hermana, mi amiga. Solo unas pocas personas conservan su imagen. Su imagen, lo que queda de ella y ya no existe, su aspecto diferente, su mirada distinta a la mía. Ella se miraba en el espejo igual que yo la miro en el tiempo. Sé que tengo que rescatarla, ponerla en pié y llevarla de la mano hasta que comprenda lo que ha sido y pueda descansar tranquila. Decirle: “Mira, estás muerta, pero todo esto te ha pasado después de muerta, o mejor dicho, todo esto has hecho tú posible. Si quieres podemos hacer juntas una lista para que te sientas orgullosa, para que sepas que tú has sido la semilla de todo esto y no pienses que tus veintiséis años fueron nada. Tú me hiciste y sigues viva en mi corazón vegetal que piensa por sí mismo y te reconoce como a una madre imposible, más joven que la hija, más ignorante, más inocente, más perdida, pero madre al fin de aquella que en ella se mira. Madre mía, madre de mí misma, madre de mis sentimientos y de mis conflictos, madre ausente que siempre estuvo conmigo, muerta a los veintiséis años, madre por decisión de su inexistente hija de cincuenta”.
18/09/2013
Plantita
Sin título, 2001

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