Una amiga me regaló un bolso

Una amiga me regaló un bolso el verano pasado y aún no lo había estrenado.  Sentada en un banco del metro, con el bolso delante de mí, apoyo la mano en cuero pálido y siento la vibración del tren que está parado en el otro andén. La levanto y desaparece. Me quedo quieta a ver si puedo sentir la vibración con alguna otra parte del cuerpo, pero no. Vuelvo a apoyar la mano y ahí está de nuevo, como un cosquilleo en la palma. Cuando el tren se va y llega el mío, me doy cuenta de que la vibración es menor, a pesar de estar más cerca. También es ligera dentro del vagón, pero cuando anuncian las estaciones vuelve el cosquilleo.

Al llegar a casa abro el bolso con desconfianza para sacar las llaves. Lo dejo cerca, por si quiere decirme algo.