El neurólogo

El neurólogo me ha prescrito una pequeña cantidad de suave antidepresivo para regular el sueño, que sea práctica en el día a día y que no me duela la cabeza. Aunque yo era reacia, descanso mejor y no tengo dolores, pero me paso el día soñando despierta. Emprendo tareas que de inmediato abandono para escribir unas líneas, y solo en eso me concentro. Se puede decir que en esto de ser práctica, cada vez que mejoro me pongo peor, en una relación inversamente proporcional: a mejor estado de ánimo, menos interés por lo práctico.

Habría que llegar a un consenso sobre este asunto de la practicidad. Puede que para el progreso humano sea conveniente mantener a la población ligeramente desanimada, pero ojo, solo lo justo para que no dejen de ser funcionales. Puede que mi médico no haya valorado bien el grado de desánimo que puedo soportar antes de perder del todo mi funcionalidad. O puede que sea un rebelde que ha visto la posibilidad de liberarme del yugo común y alentarme en la otra dirección. También puede que yo esté ya harta de hacerme la dura y “tirar pa’lante” y en esta pequeña dosis diaria de felicidad química estén las vacaciones en una isla que no tendré este verano ni el que viene. Así que adelante, Ángela, por prescripción facultativa ¡suéltate el pelo y considérate de viaje! ¡Este verano te han dado una beca médica en el crucero de la fantasía!

Naufragio

Desayuno con naufragio, 1999