Hay algo abigarrado en la envidia.

Hay algo abigarrado en la envidia. Es un sentimiento que no se disuelve ni en cantidades ni en cualidades, un horror vacui del discernimiento, una descompesación de la autoestima, una exaltación de la exageración, un saltar sobre ascuas de lo muy bueno a lo muy malo, una inquietud de la mente en un absoluto de improductividad. Es la nada llena de cosas, el vacío lleno de ansías, el universo reducido a un punto candente, el pensamiento anegado de brumas y remolinos. Es la empatía hecha violencia, la identificación vuelta en usura, la atracción convertida en crueldad. Es un látigo y un monólogo, un reflejo, un espejismo, una voz que grita y un eco. La envidia es muy mala, queridos. No es de extrañar que sea pecado.

(Gracias, Luis Rodríguez-Vigil, por darme pie)

Espejo