Por primera vez he desenterrado patatas

Por primera vez, he desenterrado patatas. Lo he hecho en un ataque de pánico, cuando me he dado cuenta de que le iban a robar el espacio y los nutrientes al hibiscus en cuya maceta han crecido por azar.  Salen cuatro patatas, a cual más pequeña, y cuando ya no encuentro más entre la maraña de raíces del hibiscus, tapo y cruzo los dedos. Espero no haberme dejado ninguna. Someteremos a votación si nos las comemos o volvemos a plantarlas, esta vez en su propio espacio.

Pensando en la tierra que voy a necesitar, me lavo las manos y veo cómo se van Courbet y Van Gogh por el desagüe. Acabo de perder la oportunidad de fotografiar mis manos labriegas y con ello la de transformar mi actividad en gesto artístico.

No importa, pienso, si las plantamos podré hacerlo en la próxima cosecha, y entonces toda la historia se convertirá en acción artística.

¿Ñeeeeec? Algo chirría.

¿Tengo que ver crecer la planta sin perder la perspectiva de lo que quiero hacer con ella? ¿Qué soy? ¿Un gestor de activos?

En este momento se me enciende una luz: ¿no será que todo el que gestiona una carrera artística es un gestor de activos?

Me temo que no haré carrera.

¡Malditas patatas!

 

Patatas

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