Un jueves normal

Un jueves normal de hace ya trece años: una inauguración, un par de cervezas, vuelta a casa no más tarde de la una.

Al día siguiente… ¿resaca? Entumecimiento, dolor generalizado, confusión, pesadez en la cabeza… No, no es gripe, yo nunca tengo gripe…

Dos días de resaca, tres…

Así empezó para mí la fibromialgia, aunque ahora me doy cuenta de que ya se había insinuado antes. En mi caso está ligada a un problema endocrino, así que si lo mantengo bajo control puedo estar bastante tranquila, bien -por así decirlo- en relación a lo que sé que puede llegar a ser. Pero a veces un pico se presenta sin más, como una reacción al frío, al alcohol, a la cebolla cruda, a la cafeína, a los perfumes, a la levadura, al enfado, la irritación o los nervios… uno va conociendo a sus enemigos.

No creo que haya habido más de cinco días desde el año 2003 en que me haya levantado por la mañana con la sensación de haber descansado, y ni siquiera diez que no haya sentido dolor en alguna parte del cuerpo. Pero, puestos a elegir, éste es el síntoma que prefiero, con diferencia, frente a la sensación de cansancio crónico, la confusión mental o ese mezclarse los sonidos en mi cabeza como si ésta fuera un sonajero.

No he vuelto a estar al 100%, aunque a veces soy capaz de aparentarlo. De hecho creo, apartando toda modestia, que un 70% mío es como el 100% de muchos. Por lo menos a ratos.

Pero la falta de confianza frena tu día a día. Acabas aceptando que hay retos que no puedes asumir sin buscar el momento y sin pagar el precio: hacer un viaje en coche, montar una exposición, inaugurar y hacer el viaje de vuelta, por ejemplo (¿quién no lo ha hecho?)… bueno, pues, cuando vuelva a presentarse la ocasión a mí me dará miedo porque cada una de esas cosas por separado ya me supone una recaída ¡Y eso que yo estoy bien!

Os cuento esto para que os hagáis una idea de lo que es la fibromialgia. Sé que muchas, más que muchos, la padecéis, y en peor grado que yo. El doce de mayo fue el día mundial de esta enfermedad y, aunque nadie se muera de esto, no está de más conocerla un poco porque, cuando estamos mal, necesitamos algo de ayuda pero sobre todo que las personas más próximas entiendan nuestra “falta de espíritu”, nuestro “carácter olvidadizo”, nuestro humor cambiante e incluso nuestra escasa actividad social.

03007