15 de abril

I.

Desvelada me pregunto cuál es el velo que se le cae al insomne.

Despabilada como ascuas removidas… la mecha en el centro de la vela, pábilo.

También es pábilo el hilo con el que se tejen hamacas. Y cubrecamas.

¿Despabhilo?

Revelaciones nocturnas. Re-vela e ilumina.

Pero yo re-velo y cubro.

II.

Como una pieza de Jenny Holzer, una frase cruza mi cerebro insistente, intermitente, entre sueño y sueño: “Supera tus limitaciones”

Pediré que la escriban en mi tarta de cumpleaños.

III.

Me gusta soplar todas las velas de una vez, no me gustan las velas de número. Pero este año estoy acatarrada y no creo que deba. Por eso voy a soplar cincuenta y tres veces una vela. Como no creo que mi familia lo soporte, seguramente lo haré al final de la tarde, como acción privada. Tengo que comprar cerillas.

Epílogo:

La tarta llevó su frase y yo soplé 53 veces una vela. Da qué pensar el mínimo desgaste de la vela después de encenderla todas esas veces, algo así como esas líneas del tiempo que marcan la aparición del hombre en la tierra, solo que en vertical.

tarta   vela-antes       vela-después

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