Desde que tengo presbicia

Desde que tengo presbicia me pierdo muchas cosas. Hoy, con las gafas puestas, he visto brillar unos granos de azúcar en un plato, entre las migas oscuras  de una tostada. Como un paisaje nevado visto desde el cielo, esa ha sido mi primera impresión.  Después he tenido un momento de vuelta a la infancia: el placer de observar lo minúsculo, el embeleso de ver brillar los granitos de azúcar como diminutos diamantes en bruto. Siempre oí decir que los relojes tradicionales llevaban pequeños diamantes en los engranajes que aseguraban su buen funcionamiento para una proyección indefinida del medidor en lo medido: el reloj eterno en un tiempo sin fin. En la actualidad se utilizan rubíes sintéticos. También hay edulcorantes líquidos: ha pasado el tiempo del azúcar en el café.

A medida que el sol sube, se van apagando los destellos: sin el contraste de las sombras, el azúcar vuelve a ser azúcar y, sin embargo, no puedo evitar la sensación de que en este plato hay un tesoro.

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