No se puede saber si es niño o niña

No se puede saber si es niño o niña. Le llamaremos Él solo para diferenciarle de su madre. Tendrá unos dos años. Lleva el gorro calado hasta la mandíbula y los brazos estirados por efecto del plumas. Con las piernas hacia adelante, atraviesa la  mañana a velocidad de crucero. La madre dice: “Oye… esto es importante… tenemos que entregar esta semana el informe de….” Voy perdiendo su voz según avanza, sujetando fuertemente las asas del carrito ¿Sabe Él que esa voz que le respalda se dirige a otra persona? ¿Sabe que su madre sobrevuela otros paisajes como un halcón, sin perderle de vista, diminuto e importante como un pequeño punto móvil en el fondo del valle? Lo que seguro no sabe es que en esta diaria matemática de confianza y sudor nuclear –ella en su prisa y en su abrigo, Él en su burbuja de lana y plumas- él es el elemento de fusión de donde procede toda la energía que les llevara mucho más lejos, a mayor distancia y, si no al infinito, sí mucho más allá, en cualquier caso, de la guardería y la casa de los abuelos. Durante un tiempo.

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