Fregando los platos

Fregando los platos me preguntaba cuál es la manera de ser sincera sin parecer quejica o derrotista, pero no he llegado a ninguna conclusión. En cambio, me he acordado de lo que soñé anoche.
Una reconocida galerista y una reconocida comisaria “aparecen” en un lateral de mi estudio:
– Me estás acorralando, dice la galerista.
– Estoy en mi espacio, contesto.
– Ah, claro, tu espacio…
Noto que no puede evitar mirar las obras que tengo por allí. Se acerca a una y dice:
– Por qué una chica como tú se mete en estos virtuosismos “puntoguatemaltecos”?
“¿Chica yo?”, pienso, “¿puntoguatemalteco?, ¿qué cojo…?”, pienso.
– Hago lo que quiero.
– Ah, claro, haces lo que quieres…
La comisaria, callada.
Tomo nota: lo mejor es callarse, como la comisaria. Nada de sincerarse.
(Ah, lo he mirado y resulta que hay algo llamado punto guatemalteco, amigas y amigos del bordado)

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