Recorro con un viejo amigo

Recorro con un viejo amigo el habitual camino del estudio. Al cabo de unos días, esperando en el semáforo, me pregunto si no estarán mis pies posados exactamente donde se pararon los suyos. Cambio de acera para comprar un refresco y para no seguir la huella invisible de su rastro, cuando me doy cuenta de que el camino de vuelta lo hicimos por este lado de la calle. No hay escapatoria: ambas aceras están contaminadas de afecto. Si quiero evitarlo, tendré que dar un gran rodeo.

Llevo toda la vida despidiendo a los amigos. Los mejores, los más queridos, los que más me quieren, viven lejos y siempre se van. He vivido a través de ellos mi eterna vocación de estar en otro sitio, de pertenecer a otro lugar y a otras circunstancias, y aún siento la nostalgia de lo que no conozco, el ansia por recorrer sus mundos igual que recorro el habitual camino del estudio.

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