Cruzo la calle de la Oca bostezando

Cruzo la calle de la Oca bostezando. Tengo sueño y sed, el aire huele a lluvia caída en otro sitio… quiero una bebida fría. En las dos semanas que llevo sin pasar por esta acera han cerrado la panadería y la tienda de chinos ¿Dónde compro yo mi lata? Salvada por los hindúes de la siguiente esquina, la abro junto al semáforo, el ruido de los coches no me deja oír el “clack”. Un año entero se extiende justo ahora frente a mí, trescientos sesenta y cinco días entre las dos orillas de General Ricardos. Pasaré como un vaquero a caballo atraviesa los ríos hacia el Oeste ¿De verdad va a ser así todo el año? Este vagar y divagar, este ir montada sobre mi fantasía soñando con cosas que suceden en otros sitios, como esa lluvia que cae lejos… Todo tan pueril. No cruzo fronteras, estrechos ni concertinas, no voy cargando con todo lo que tengo, no tengo que sufrir la sed de mis hijos y nadie me niega un vaso de agua y esa lluvia lejana no me está empapando hasta los huesos, mi fantasía no es seguir viva, la argolla del refresco no es la de una granada y lo que sucede en otros sitios no me está sucediendo a mí, que tengo techo, familia, amigos, papeles y una cama en la que seguir soñando.

Ya he llegado. Alguien ha dejado un cartel en la pared: un poco de tiza sobre un cartón, solo eso. Gracias Rafa, no puede haber sido nadie más.

Me cambia el humor, pero no estoy tranquila. He dibujado una frontera en el suelo, como un desafío.

Pisa la línea: es 1 de septiembre y el año será largo.

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