Hormigas

Hormigas: esas porteadoras que se llevan las migas del mantel del picnic, ordeñan a los pulgones, se abalanzan sobre el polluelo caído del nido y trasiegan con el cadáver del enemigo. ¿Por qué esta laboriosidad feroz, su construcción social meramente alimentaria y su fraternidad puramente gremial siguen siendo el buen ejemplo del cuento?

Este dibujo alborotado es de hace muchos años y se titula “La cigarra y la hormiga”. Es, como no, un autorretrato.

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Se suele achacar

Se suele achacar a las personas que no consiguen éxito económico una cierta flojera de espíritu y/o de mente. Hoy, como en una epifanía, la siguiente verdad -relativa, como todas- ha iluminado mi entendimiento: los ricos necesitan ser más fuerte mentalmente que de espíritu, porque el espíritu resiste todo tipo de penurias mientras que la mente se asusta de cualquier anticipación oscura del futuro. Una mente asustadiza es el campo de cultivo ideal para las lecciones de economía: crecerá asegurándose de que no le falte el muelle confort de un futuro holgado y ese entrenamiento la fortalecerá hasta la vigorexia. El pequeño Tim se convertirá en el gran Tom.

Aunque a lo mejor no ha sido una epifanía. Puede que alguna conexión neuronal haya errado su camino al encender la luz del baño.

¿Ya se acabó?

¿Ya se acabó? Si, parece que ya se acabó este verano que ha sido como un espejismo que se forma sobre el asfalto caliente, sobre la arena caliente, siempre en el horizonte, siempre más allá de nuestro alcance. El verano se va a sacudirse el calor a otra parte y septiembre se inclina porque conoce ese cuento que dice que es mejor plegarse que quebrarse. Vendrá el invierno canoso a hostigarnos a todos con sus hielos, pero mientras tanto esperaba un otoño largo y templado, aún lo espero mientras saco los calcetines del cajón como quien saca el diccionario de latín, intentando desvelar una incógnita, un malentedido, buscando una traducción a algo que te suena, que te es familiar, pero cuyo significado has olvidado o quizás nunca llegaste a entender porque nunca lo buscaste ¿qué coño es esto del otoño? ¿y qué hago yo, dejo esta frase o busco otra? ¿y dónde está el otro calcetín?

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Ayer me perdí todas las inauguraciones

Ayer me perdí todas las inauguraciones. Quería ir, pero la tarde se fue complicando hasta disolverse en una larga llamada telefónica que esperaba desde hace tiempo. A las nueve y media ya no había margen, y terminé por acomodar mi agotamiento frente al horizonte de la tele en ese lugar del salón en el que uno se funde con el resto de la humanidad burguesa y se vuelve inexistente.

Hoy me encuentro en fb con esta foto de mi prima, Eva Stavenow, que a estas alturas de septiembre todavía se da, allá en el norte, no sé si matutinos o vespertinos chapuzones, y siento que esta imagen tiene para mí mucho más significado que la mayoría de las que he visto en los últimos tiempos.

¡Ah, los horizontes y sus metáforas!

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No me despiertes de noche

Querido hijo:

No me despiertes de noche porque me preocupo. Me preocupa que te ocurra algo, y cuando ya dejas de teclear mensajes que apenas puedo leer sin las gafas y queda claro que no era nada, que lo que pasa es que vives tus horarios como en otro hemisferio, y vuelves a tus actividades, las que sean, entonces yo, que venía de otro mundo, ya no puedo encontrar el camino de vuelta y con el cascabel de la preocupación cosido a la frente, sigo preocupándome por todo lo preocupable (si, ya sé que esta palabra no existe, pero debería: dícese de todo aquello que puede preocupar). Me preocupo con antelación, que es lo propio de esta palabra que ocupa la mente antes de tiempo, pero también con retraso y remordimiento por no haberme preocupado antes; me preocupo con reiteración, dejándome invadir por olas sucesivas de ansiedad, y a veces me preocupo con saturación, que es cuando me preocupa no estar preocupada a pesar de todo lo que vuela alrededor de mi cama en el silencio de la noche, como en un grabado de Goya. No despiertes mis murciélagos y déjame dormir tranquila, porque, incluso dormida, me preocupo por todo, es cosa de madres.

Mira: este dibujo, del año en que naciste, lo demuestra.

Y ahora me preocupa que dejes de contarme algo de verdad urgente por ser de noche.

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Mucho después de la tormenta de esta mañana

Mucho después de la tormenta de esta mañana, he podido sentarme un rato. A mi lado Patty Smith canta bajito. En un estudio no suele presentarse la oportunidad de trabajar cómodamente instalada en un sillón. Por no levantarme, me empeño en hacer una tarea delicada con unas tijeras enormes. Al final me he pinchado y ha salido una gota de sangre. De repente estoy muy cansada ¿Y si me duermo y me despierto dentro de cien años, cuando el mar ya no llore cadáveres? Así cien años, con botones y bramante en el regazo. Y entonces, por primera vez, ha surgido la pregunta que barre mi convencimiento más íntimo: soy artista pero ¿y si lo que hago no es arte?

¿Me estaré volviendo cuerda?

“Medicine is magical and magical is art” dice Patty con convicción, y entiendo que debo decirlo al revés. La frase no resuelve nada pero me consuela, Patty querida, aunque no sea tuya.

Cruzo la calle de la Oca bostezando

Cruzo la calle de la Oca bostezando. Tengo sueño y sed, el aire huele a lluvia caída en otro sitio… quiero una bebida fría. En las dos semanas que llevo sin pasar por esta acera han cerrado la panadería y la tienda de chinos ¿Dónde compro yo mi lata? Salvada por los hindúes de la siguiente esquina, la abro junto al semáforo, el ruido de los coches no me deja oír el “clack”. Un año entero se extiende justo ahora frente a mí, trescientos sesenta y cinco días entre las dos orillas de General Ricardos. Pasaré como un vaquero a caballo atraviesa los ríos hacia el Oeste ¿De verdad va a ser así todo el año? Este vagar y divagar, este ir montada sobre mi fantasía soñando con cosas que suceden en otros sitios, como esa lluvia que cae lejos… Todo tan pueril. No cruzo fronteras, estrechos ni concertinas, no voy cargando con todo lo que tengo, no tengo que sufrir la sed de mis hijos y nadie me niega un vaso de agua y esa lluvia lejana no me está empapando hasta los huesos, mi fantasía no es seguir viva, la argolla del refresco no es la de una granada y lo que sucede en otros sitios no me está sucediendo a mí, que tengo techo, familia, amigos, papeles y una cama en la que seguir soñando.

Ya he llegado. Alguien ha dejado un cartel en la pared: un poco de tiza sobre un cartón, solo eso. Gracias Rafa, no puede haber sido nadie más.

Me cambia el humor, pero no estoy tranquila. He dibujado una frontera en el suelo, como un desafío.

Pisa la línea: es 1 de septiembre y el año será largo.

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