Tuve en mi infancia dos patitos.

Tuve en mi infancia dos patitos. La primera noche, quise dejarles la luz encendida, por si tenían miedo. Descubrí que, ansiosos y agitados, no paraban de piar y de comer.

Como a los patos, la tecnología nos mantiene despiertos. Aunque nos lleguen contenidos soporíferos, la longitud de onda de la luz de las pantallas estimula nuestros cerebros y nos invita a prolongar el tiempo de actividad. Dentro y fuera de casa, hay luces y pantallas por todas partes. Y cuando llega el momento del descanso, están los timbres: los del portero automático, los de la puerta, el fijo, el móvil, el whatsapp… Ah, los wahtsapps… Creemos que son lo mismo que un e-mail, pero no. Un e-mail se desliza sin ruido en el buzón de entrada, está acostumbrado a esperar y aguarda pacientemente su turno. Pero el whatsapp es indolente, insensible, egocéntrico, se manifiesta a cualquier hora, con o sin urgencia, con necesidad de respuesta o sin ella, y va invadiendo el terreno de otros medios de comunicación. Cada vez más ignoramos los apremios de otro tipo y atendemos a los requerimientos que nos llegan por whatsapp, y el whatsapp nos ha convertido en seres plenamente disponibles. Clin, clin, clin… mensajes de whatsapp, cortos, gratuitos y llenos de emoticones, que son como emociones pero sin exagerar y con más risas. Clin, clin, clin… suena el timbre del whatsapp y se enciende la pantalla del teléfono.

Por favor, que nadie me malinterprete: uso whatsapp, me gusta, pongo caritas sonrientes y corazones. Pero en esta nueva noche de sueño interrumpido e insomnio sobrevenido hago un llamamiento por la recuperación de las viejas costumbres de antaño, aquellas normas de cortesía que recomendaban no hacer llamadas telefónicas entre las diez de la noche y las diez de la mañana. Era la época en que la televisión se acababa a las doce y el concepto de plena disponibilidad aún no existía. La noche era una caja cerrada para la mayor parte de la gente, y si por azar te desvelabas, leías sosegadamente un libro a la luz de una bombilla baja hasta que llegaba, o el sueño, o el día. Y si sonaba un timbre, no podían ser más que dos cosas: o una emergencia o el despertador.

Hoy, San Juan y Santa Lucía se dan la mano porque todas las noches son igual de largas para el desvelado y esta de hoy, martes, es mi tercera noche en blanco desde el sábado.

El sábado, un oriental, buscaba borracho su hostal.

El lunes, un despistado, un mensaje me ha dejado.

El martes, un buen deseo, llegó en un momento feo.

A mitad de semanita, yo ya tengo esta carita.

la-paradoja-del-artista-plástico

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s