Algunos autores son como algunas medicinas

Algunos autores son como algunas medicinas: tienen efecto paradójico, es decir, producen el efecto contrario al esperado. Es típico de los antidepresivos, que pueden producir excitación y agresividad en niños y adolescentes, pero tranquilizan a los adultos. A mí me pasó con Ciorán: me metí unas dosis cuando era adolescente y acabé enfadada y repudiando aquel dichoso libro, Breviarios de Podredumbre. Ahora he vuelto, con otro libro, Ejercicios negativos, que resulta ser el precursor del anterior. Y funciona. Atravieso cada capítulo sentada en mi vagón de metro con toda facilidad, porque esos tránsitos subterráneos le van bien a Ciorán, y al final de cada trayecto puedo mirar hacia atrás y reírme como quien acaba de cruzar el páramo con sus mulos. Hoy he abandonado el metro con una frase tremenda en el corazón: “A veces siento deseos de ver algo vivo, y entonces acaricio el despertador”, y puedo acariciar la frase y sonreir porque ahora que soy adulta Ciorán hace efecto.

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