Antes de Internet

Antes de Internet, los que nos desvelamos podíamos imaginar qué estaría ocurriendo a esas horas en otros lugares del mundo. Así ocurre en “Night on Earth”. Ahora podemos saberlo con una inmediatez que no hubiéramos nunca sospechado. En mi infancia, cuando nos dibujaban un futuro tecnológico, siempre nos hablaban de coches que vuelan y robots que nos ayudan en las tareas domésticas, como Robotica, de “Los Supersónicos”. Pero lo mejor de este futuro dibujado siempre nos parecía el teléfono con monitor. Por entonces yo vivía en un pueblo de Madrid al que había que llamar por operadora. Nuestro número era el 95 de Villaviciosa de Odón, así había que pedirlo. No soy tan mayor, estoy hablando de finales de los sesenta. Yo nunca he visto en funcionamiento un teléfono de los de manivela y trompetilla. En casa de mis abuelos los teléfonos eran de baquelita –que, para que lo sepáis, fue el primer plástico completamente sintético y data de 1909-, pero en mi casa había un Ericsson de los que se ponen de pie sobre su propio dial, y era de plástico. Muchas cosas eran ya de plástico, pero mi sensación es que era un plástico distinto, más quebradizo y con un tacto diferente a los de ahora. Quizás por ser quebradizo las tapas de los cuadernos eran o de cartón o de hule, que es un material que originalmente procedía del caucho. Yo supe del caucho por un tebeo del Tío Gilito, que tenía sus intereses económicos bien diversificados. Si miráis en la Wikipedia veréis que el hule ya lo utilizaban los mayas para hacer pelotas, pero el primer europeo que lo trajo desde Brasil fue juzgado por brujería. Al parecer, todo lo que puede crecer, en Brasil crece. Una vez leí que los primeros postes telefónicos que se instalaron allí tuvieron que ser sustituidos por otros de hierro, porque les crecían ramas. Aunque la baquelita es un plástico y el hule una goma, ambos son polímeros, como el asta de ciervo, que también lo es. Imaginar el recorrido del ciervo desde los bosques de coníferas hasta las sombras del Amazonas, caminar de noche con Hemingway desde Peguerinos hasta Santa María de la Alameda, o montarse en un taxi de Jim Jarmusch, son formas de coger el sueño. Me lo apunto para otro día, porque hoy ya no vale la pena.

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